Memorias de un Asesino – 7a Parte

July 9, 2009 by KillerPollito '09

7a Parte – La Caja Mágica

Las cosas no se podían poner mejor para nosotros. Pero si se pusieron.

Despúes de obtener el famoso cartoncillo que nos abrió las puertas del paraíso, y de hacer el reconocimiento de aquel resort, nos dirigimos a comer para no desfallecer, ya que poco nos faltaba. Encontramos pues, cerca del centro de la ciudad, una marisquería (un lugar donde venden, y no donde se venden los mariscos). Donde aparte de mariscos, vendían un pescado frito que ¡¡¡uuuuuts!!!, estaba rebueno el desgraciao (¿ó será que siempre teníamos mucha hambre?). El restaurante estaba en unas palapas al aire libre, con mesas y sillas de lámina de alguna cervecería, como se acostumbra en muchos establecimientos de este tipo.

La cosa es que a pesar de su fachada sencilla, no era muy barato. Pero bien valía la pena hacer el gasto, aun y así, por lo limitado del presupuesto, comieras dogos (hot dogs) el resto del día, y que en aquel entonces los dogueros, pululaban en el puerto (doguero= dícese de la persona encargada del puesto de dogos, con un léxico coloquial y que por lo regular se refiere a ti como “parejita”). De hecho comimos tantos hot dogs durante nuestra estancia, que nos hicimos compas del doguero. Y por estar a la puerta del hotel, hasta nos avisaba quien de nosotros ya había ido a desayunar/cenar/volver a cenar, quien había salido, quien había invitado a alguna conquista a deleitarse con los dogos, etc.  

Otro problema más, el de las comidas, estaba resuelto. Una vez al día a comer pescado y mariscos, y las demás comidas con una salchica enredada en tocino dentro de un pan, bastaba.

Hay un objeto que recuerdo en particular que fue un ícono para todos nosotros en ese viaje, aparte del vocho. Era un contenedor o recipiente tipo thermo, cilíndrico con tapadera enroscable y una pipeta giratoria con el propósito de absorver su contenido sin quitar la tapadera, con capacidad de dos litros. Tenía impreso publicidad de las baterías para automóvil LTH, y que el Pato había incluido (por razones para mi desconocidas), como parte de su equipaje.

Hasta este momento no dejo de agradecerle al Pato, por que ese thermo nos mantuvo alcoholizados a donde quiera que nos dirigieramos, y con un impacto económico mínimo. El día se nos iba en la alberca del resort, nadando abrazados de aquel thermo, y el cual rellenabamos constantemente en la tiendita del mandado del mismo resort (a escondidas del staff y empleados), donde vendian, la ballena (cerveza de un litro) por el mismo precio que cualquier otro expendio de cerveza. ¡Una ganga!

Debo mencionar que comprar cerveza en la barra de la alberca, para la capacidad de absorción etílica de 4 estudiantes universitarios, hubiera sido nuestra completa ruina en los primeros días. El problema de nuestras necesidades de embrutecimiento vía oral, ya estaba también resuelta. Solo que hacíamos viajes constantes al baño y a rellenar con el contenido de dos ballenas, nuestro salvavidas. Y digo nuestro salvavidas, literalmente, por que aparte de mantenernos frescos y pedos, el thermo flotaba en el agua. Les digo: ¡Una maravilla!

Cuando la novia del Balú y su familia dejaron la habitación al término de sus vacaciones, pensamos que nuestra presencia en el resort levantaría sospechas, ya que el número de habitación aparecía en el permiso de estacionamiento y expiraba al término del periodo del tiempo compartido. Pero en realidad nunca representó ningún problema, por que para el segundo o tercer día de haber llegado, y que fue cuando la novia del Balú y su familia dejaron el resort, ya los meseros, los bartenders, los guardias, etc. nos conocían y se habían familiarizado tanto con nosotros, que nunca llegaron a pensar que nosotros no fueramos miembros de aquel exclusivo complejo turístico (en aquel entonces no se utilizaban las pulseras para miembros).

Uno de esos días decidimos incluso regresar en la noche al bar del resort, y aprovechar la oferta de la barra libre para los miembros, a algo así como 100 baritos por cabeza. Debo confesar que solo recuerdo haber llegado al antro y como las dos primeras horas de aquel jolgorio. En ese inter conocimos unas chicuelas que venían de California y entablamos amena conversación, vayan ustedes a saber de que. De pronto me sentí ya muy tomado y como casi siempre me pasa, me retiro a mis aposentos a descansar previo a haber cenado y me duermo, para no hacer más el ridículo. Pero en este caso no me podía retirar a ningún lado porque ese ni siquiera era mi hotel. Y no solo eso, si no que tenía que esperar a que mis compañeros inseparables de viaje y jarra, terminaran de divertirse para poder irnos todos juntos a nuestra terrible realidad, digo a nuestro hotel. Así que me salí, abrí el vocho, giré las perillas que reclinan los asientos y ahí me dispuse a darle un arrimón al Morféo, el cual sin más ni más, me noqueó completamente.

Lo siguiente que supe fue que el Balú se estaba peleando con unos gringos, que según me contaron después, se habían burlado de mí al salir del antro al verme ahí todo pedote dormido en el vocho con la música puesta y las puertas abiertas. A Balú, que junto con el Champi y el Pato, iba también de salida, se le calentó la sangre y se partió (sin que se la partieran) la mausser contra los dos gringos burlones y todo por mi dignidad y honor de borracho. Lo curioso del asunto es que los guardias llegaron a defendernos a nosotros a pesar de que nosotros (dijo la mosca) habíamos empezado el pleito. Corrieron a los gringos, los sacaron de la propiedad, y tratando de tranquilizarnos nos pidieron que mejor nos fueramos a nuestro cuarto… ¿¿¿ ??? pero como obviamente nosotros no teníamos ningún cuarto en el complejo, les dijimos a los guardias que ibamos a cenar y que en un ratito (como en unas ocho horas) regresabamos. Y así muy discreta, pero triunfalmente, abandonamos en el vocho el bar del resort aquella noche y llegamos a cenar y contarle con lujo de detalle nuestra aventura a nuestro amigo el doguero, quien se emocionó más que nosotros al platicarle nuestra hazaña (la vida de doguero carece de emociones al parecer). 

Al día siguiente, con una crudota mortal moral, decidimos ir a nuestro restaurante ya mencionado y preferido, a curarnos la cruz con unos buenos clamatos y un cocktel campechano de mariscos. Solo que el Champi me pidió que primero parara en un cajero a sacar algo de dinero porque ya se había gastado lo que llevaba del camino.

Paramos en el malecón en unos locales comerciales, de los cuales uno era banco y tenía cajero, y se dispuso a sacar algo de efectivo. Nosotros esperabamos en el vocho a que el Champi regresara, cuando en eso lo vemos salir del cajero con su ya conocida (para nosotros) sonrisa maliciosa dibujada en su rostro, indicándonos que algo había hecho. El Champi se acerca a la ventana del vocho y nos cuenta que el cajero le dió dinero todavía después de haber sacado lo único que le quedaba en la cuenta.

Nosotros incrédulos (ya que el Champi tiene precisamente fama de ser muy serio y nunca burlarse de la gente) nos bajamos inmediátamente del vocho y nos metimos con él al cajero. Metió su tarjeta en la ranura y consultó saldo. La pantalla le mostró su saldo en ceros y nos dijo -Miren ahora… -, pulsó la cantidad de cien pesos y en ese momento se escuchó accionarse el sistema automático que llevan en sus entrañas esas codiciadas máquinas de cajero. Unos instantes después, se abre la pequeña cejilla de abajo de la pantalla, y deja asomar el borde de un billete de cien pesos, ¡¡¡Asi ya le saqué mil pesos!!!- nos dijo el Champi, notoriamente emocionado.

Nos miramos pasmados ante aquel suceso que parecía sacado del diálogo e historia de una película hollywoodense, empujé al Champi a un lado y les dije -Déjenme intentar con mi tarjeta-. Sabía que en esa tarjeta no tenía ni un peso, puesto saqué hasta el último centavo para el viaje. Y así metí mi tarjeta un poco tembloroso y nervioso y pulsé la misma cantidad. En ese momento escuché el mecanismo accionarse y vi un billete aparecer en la cejilla de igual manera, como hacía apenas unos segundos había ocurrido con el Champi.

¡¡¡Eso era increible!!! Un cajero mágico, que de la nada nos daba dinero.

 
Continuará…

Memorias de un Asesino – 6a Parte

June 12, 2009 by KillerPollito '09

Debo pedirles que perdonen mi ausencia del blog, pero estas últimas semanas he tenido mucho trabajo que me impidió seguirle con la saga. Sin más excusas, aquí andamos ya otra vez para continuar con la novela en línea preferida por todas las chachas y amas de casa que le saben al interne’.

6a Parte. Encontrando el Paraíso.

Nos habíamos quedado en que ya estabamos en el puerto, recién llegados, cansados, ponchados pero igualmente emocionados y emebelecidos por la infinidad de aquel mar (también veníamos enronchados porque, ah como estan bravos los mosquitos en Durango).

Nuestro siguiente paso, después de arreglar la llanta del vocho, fue conseguir hospedaje… cosa que no fue fácil (¿a poco creen que llevabamos reservaciones… o dinero?) Nosotros ibamos al ingue su… a la aventura. Y por consecuencia de la temporada alta y nuestro presupuesto de estudiantes, terminamos en la posada de Don Pelayo. Ampliamente recomendada por el hermano mayor del Pato que un año atrás la había visitado para hospedarse con sus amigos. “Es una ganga”, según nos dijo.

Pintoresco lugar debo decir, y con una fachada engañosa, sin acceso al mar pero sobre el malecón y área más concurrida por los turistas por estar cerca de los bares y los antros de más renombre. Pagamos la primera noche y nos dieron nuestra llave del cuarto. Después habría tiempo de buscar un lugar más decente con playa, pensamos, ahora solo queríamos descansar. Nos dirigimos al cuarto y abrimos la puerta (al menos tenía cerradura). El alboroto de los cuatro se apagó abruptamente por la escena. Todos nos quedamos callados al ver aquel lugar tan… precario, sucio y descuidado. La televisión tenía como antena un gancho de ropa, las cajoneras no tenían cajones, y tras la cortina de vinil de la regadera se apreciaban algunas cucarachas que al parecer habían muerto desde que Don Pelayo había terminado de construir el hotel.

El Pato, con el afán de levantarnos la moral dijo -Pues no está tan mal… al menos tiene buenas camas-, y brincó para dejarse caer de espalda sobre una de las dos camas que había en el cuarto. La caída fue seca y sin rebote. La base de la cama era de concreto y el Pato se llevó un tremendo golpazo que lo dejó sin sensibilidad en la cadera y en las piernas por unas horas. Ese fue motivo suficiente para regresar a recepción (arrastrando al pato de los brazos) a pedir un reembolso. Terminamos perdiendo el depósito, ya que se opusieron a regresarlo, porque argumentaba la recepcionista, una mujer gorda y renegrida por el sol,  que una de las camas había sido destendida. Sin querer discutir más y dando por perdido nuestro depósito, salimos frustrados de aquel lugar en busca de un hotel mejor.

Recorrimos todos los hoteles del malecón sin suerte. Todo estaba hasta el tope.

Cuando habíamos perdido la esperanza de encontrar alojamiento, por fin, en un hotel de más o menos decente categoría, pero de igual forma sin acceso directo al mar, nos informaban, después de mucho rogar y esperar, que era probable que esa misma tarde se desocupara una habitación. Pero con la novedad de que la habitación no contaba con aire acondicionado, solo abanicos de techo. El hotel además contaba con una diminuta alberca atestada de niños miones y gritones. El hotel era en mucho, mejor que la posada del diablo, digo de Don Pelayo, pero dejaba mucho que desear. Aunque por las circunstancias en las que nos encotrabamos todo nos pareció de poca importancia. Además que ya para cuando nos informaron del infortunio del aire acondicionado nosotros ya teníamos algunos minutos de haber ingresado al bar del hotel a disfrutar de la llamada hora feliz. Así que ya medio jalaos, resignados y cansados, decidimos aceptar lo que el recepcionista y la buena o mala fortuna nos ofreciera. Aunque fuera más mala que buena.

El cuarto no era tan malo después de todo. Un poco sofocado durante el día, pero una vez que el sol bajaba un poco, los abanicos hacían circular algo de aire que se alcanzaba a colar por la ventana de aquel cuarto localizado en el último piso del hotel. Además que de día poco estaríamos en el cuarto. Y con argumentos parecidos nos consolabamos un poco. Siempre nos quedaba el consuelo comparativo de la posada de Don Pelayo para acabar con nuestras quejas de aquel lugar.

Ya un poco más dispuestos que resignados, tomamos un baño, y descansamos un poco. Después salimos en el vocho en busca de algo que comer. El Balú nos pidió llevarlo a buscar a su novia, cosa a la cual nos opusimos. La novia del Balú se encontraba hospedada con su familia, desde hacía casi una semana, en uno de esos grandes resorts que ofrecen tiempos compartidos. La coincidencia de nuestra estadía con la de la novia del Balú sería solo por dos días más, puesto que ella y su familia estaban por cumplir su tiempo compartido en aquel lugar y su viaje de regreso era próximo. Y el Balú quería por lo menos aprovechar a su novia por esos dos días. Nos mofamos de él como se acostumbra entre compas cuando alguien anda de mandilón, pero terminamos por acceder a llevarlo a buscar a su novia, apesar de que lo que realmente queríamos era comer… y seguir tomando.

Manejamos por algunos minutos alejándonos de la zona hotelera hasta que dimos con el lugar. En el estacionamiento, el guardia de seguridad en la caseta de entrada nos detuvo apenas entramos, preguntándonos por el número de habitación en donde se hospedaba la familia de la novia del Balú, cosa que no sabíamos. Y como no teníamos permiso de estacionamiento, ni reservación ninguna, nos negó el paso en el vehículo. Así que el Balú se apeó y entró caminando a buscar a su novia y regresó unos minutos después con un cartoncillo en la mano. Era un permiso de estacionamiento expedido por el padre de su novia en la recepción para que nos dejaran entrar en el vehículo al estacionamiento del complejo.

Ese mismo permiso y el número de habitación de la familia de la novia del Balú, los utilizaríamos durante el resto de nuestro viaje para hacer uso de las instalaciones de aquel resort, desde el estacionamiento, la playa frente al hotel, el restaurant, el bar (por supuesto), hasta el servicio de toallas para alberca.

Aquel cartoncito nos abrió las puertas al paraíso. De pronto y como por un milagro, habíamos pasado de las instalaciones patito de nuestro hotel de segunda, a instalaciones de lujo. Por un momento y llenos de regocijo y emoción en la panza, el hambre se esfumó de repente. Aquello lo cambiaba todo. La comida podía esperar.

Continúa.

Memorias de un Asesino – 5a Parte

May 12, 2009 by KillerPollito '09

5a Parte. Empieza la Odisea.

Déjenme rápidamente les hago una descripción del super vochornoso en el que nos disponiamos a partir rumbo a la playa:

Era un vocho azul marino modelo 1990 (que en realidad no hace ninguna diferencia conocer el modelo, porque los vochos no cambiaron nunca). El vocho tenía los vidrios polarizados estilo narcovehículo , es decir que ni yo mismo veía nada estando adentro del vocho, entonces manejaba con la cabeza afuera de la ventana para poder ver por donde iba. El velocímetro tenía la particularidad de quedarse “pegado” y daba una falsa lectura. Según alguien me había explicado que el cable que conectaba el velocímetro con el engrane que gira junto con el cable y que hace el movimiento y conversión para marcar la velocidad en el tablero, podría estar dañado haciendo que éste marcara una velocidad superior a la que en realidad iba el vehículo. Así que si yo iba a cierta velocidad, el velocímetro marcaba unos veinte o treinta kilometros más. Estoy seguro que el vocho no corría a más de 120-130 km/h con el acelerador a fondo, pero el velocímetro automáticamente lo convertía en el vocho más rápido de la historia, registrando velocidades superiores a los 160 km/h…. con cuatro pasajeros…  y de subida.

Estas carácteristicas aunadas al hecho de que manejabamos de noche, al ruido cercano del motor (él o la que ha tenido o tiene vocho sabe a que me refiero, el motor del vocho literalmente lo oyes atrasito de tu oído… y fuerte), y al hecho también de que no veiamos nada hacia afuera, daba la impresión, al menos a mis pasajeros, de ir a exceso de velocidad. Yo ya estaba muy acostumbrado a ello. Para los demás en cambio parecía ser algo muy notorio, aunque en realidad el vocho no iba a más de 110 km/h, ni el Pato, ni el Balú, ni el Champi, sabían del desperfecto en el velócimetro, y yo no iba a desprestigiar a mi vocho, así que todo el tiempo los dejé creer que el vocho era literalmente un bólido. Había cierta tensión y nerviosismo al respecto y en más de una ocasión me recomendaron manejar con moderación en mi velocidad. Yo con un mohín de malicia en el rostro, hacía caso omiso.

El viaje transcurría sin mayores problemas. Bueno con los problemas más básicos y conocidos que cualquier viaje pueda tener, pero sobre todo con la limitación del espacio interior y la incomodidad de los asientos que son característicos de los vochos. Alguna vez alguien aplicó la clásica treta de decir que “huele a pan caliente”, y eso me llevó a olfatear profundamente un pedo mientras me encontraba en busca del delicioso y conocido olor del pan recien horneado en el ambiente, como cuando se pasa cerca de una panadería.  Ya para cuando me di cuenta del engaño, me había fumado la mitad del pedo al menos, y entonces el culpable (que fue el Champi) soltó una sonora carcajada al haber hecho caer a sus inocentes víctimas bajo el efecto y estigma de su espantoso crimen… y de todos los crímenes que cometió durante el viaje, que fueron muchos. 

Fuera de esos inconvenientes de viaje, no hubo mayores retrasos aunque el recuerdo del olor a pan caliente nunca volvió a ser el mismo. Hicimos las acostumbradas paradas técnicas y a diferencia de los protagonistas de aquellas dos famosas películas mexicanas que en ese entonces todavía ni siquiera eran pensadas, nosotros decidimos pagar casetas y viajar por carretera de cuota. La aventura sería, como contaremos más adelante, de la misma intensidad, pero sin urna de cenizas del abuelo…  y sin besos, claro… al menos no entre nosotros.

Al amanecer decidí pasarle el volante al Balú quién era el que mejor había descansado hasta el momento. La sinusitis de la que sufría le permitió permanecer insensible a los castigos recurrentes del Champi mientras dormía, y aunque en varias ocasiones el Balú sintió la cavidades nasales destapadas debido a lo corrosivo del ambiente, nunca llegó realmente a sufrir los efectos del denso aire al que eramos sometidos de vez en vez por el Champi (al Pato y a mi, hasta nos lloraban los ojitos). Poco antes de pedir clemencia al cielo y de creer que el Champi se descomponía en vida, vislumbramos la hermosa ciudad de Mazatlán. El clima serrano de Durango había quedado atrás, junto con su peligrosa carretera que cruza zigzagueante las montañas hacia el mar, y el calor húmedo de la playa se dejaba sentir. La sal llenaba el aire, la piel y los labios, y nos encontrabamos agradecidos de haber llegado a nuestro destino sanos y salvos. No hubo mayores complicaciones. Solo una llanta, que se ponchó cuando entramos a la ciudad. Fuera de eso el vocho no sufrío ninguna otra falla. Debo decir, que el vocho se portó como los grandes.

Paramos rápidamente en el primer desponchado que encontramos, que estaba cerca del malecón, y mientras desponchaban la llanta corrimos emocionados a ver como las olas rompían cerca de la pared de concreto y piedra que se erguía frente a la playa. Cansados pero evidentemente embelesados por aquel sentimiento de plena satisfacción que da lo infinito, nos paramos uno al lado del otro a observar en silencio la imponencia del mar del Pácifico mexicano, mientras el sol de la mañana se levantaba en el horizonte.

Todavía teniamos que ir a encontrar un hotel, a instalarnos y a descansar, pero esos detalles tan pequeños, después de un viaje tan largo, pierden importancia. Habíamos llegado. Eso era lo que importaba.

Continúa.

Memorias de un Asesino – 4a Parte

May 5, 2009 by KillerPollito '09

4a parte. El Viaje.

Historias como la aventura del menudo eran cosa de todos los días, así, un poco más o un poco menos complicadas, pero todas parecían sacadas de un programa de comedia de situación. Afortunadamente, para mi (hígado), las circunstancias se tornaron cada vez más normales. Se acercaba el final del verano y las cosas volvían a su cotidianeidad de antes. Nos disponíamos a rentar un nuevo departamento (lo más lejos posible del Jumanji y sus cohabitantes) y sin ser más de los que eramos inicialmente, mi ex novia me buscaba arrepentida y quería regresar conmigo (yo no), el trabajo estaba a punto de terminar por el verano, mis encuentros con la gringuita habían llegado a su final con su retorno a la ciudad donde estudiaba, en fin. La vida parecía retomar su curso, y yo hacía lo mismo.

Las últimas dos semanas que quedaban previo al regreso a clases decidí no trabajarlas. Opté por recoger mis pertenencias del Jumanji y abandonar el departamento antes de perder la poca sanidad mental que me quedaba. El Pato y yo, en un momento de liberación tiramos sillas, sillones y lo que habia quedado inservible (o sea todos los muebles del depa) y los fuimos a arrojar al contenedor de la basura. Fue una buena terapia. Nada en aquel departamento parecía tener vida útil después los tres meses de “sana” convivencia de la perrada en el Jumanji. La alfombra fue irrescatable. Aquello parecía zona de guerra el día que salí de ahí. Pero nada importaba. Me sentí liberado de dejar aquel lugar. Con maleta lista y mi mirada puesta en la lontananza de aquella frontera, encendí el motor de mi bocho, prendí un cigarro, me despedí del Pato, y partí mientras miraba de vez en vez por el espejo retrovisor sobre mi frente como aquel lugar se hacía cada vez mas pequeño conforme me alejaba con destino a mi terruño, a 4 horas de camino.

Ya estando en mi terruño termine por sanar los traumas, sufrimientos y privaciones de aquellos tres meses. Dormía hasta tarde, comía lo que quería y me dejaba consentir por la gallina y por mi familia a los que no había visto en mucho tiempo. Las noches en las que las pesadillas del Jumanji me despertaban entre sollozos parecían cosa del pasado. Me dediqué a retomar la normalidad de mi vida, a descansar y a reponer las fuerzas para poder regresar a clases lo más posiblemente recuperado, desintoxicado y con la apariencia al menos de ser una persona normal. Todo pasaba con tranquilidad.

Hasta que un día sonó el teléfono en la casa. La gallina contestó y me comunicó. ¿Es para mi? -pregunté incrédulo cuando me pasó el aparato de teléfono-. Si nadie sabe que estoy aquí… ¿Si? ¿Quién habla? -pregunté-. Soy yo guey -de inmediato reconocí la voz del Pato-. ¿Que planes tienes para esta semana?, -me preguntó sin más formalismos-. Pues… nada en realidad -contesté con tono de desconfianza-. ¡¡Vamonos a Mazatlán!! -me dijo el Pato emocionado-,  ya tenemos en que irnos, además ya nos pagaron, así que por lana no paramos, dividimos gastos. Estamos saliendo del Jumanji, y vamos para allá, pasamos por ti, alístate que en cuanto lleguemos emprendemos el viaje, -me dijo sin darme opción a contestar con una negativa-. Pe..pe…pero… ¿quienes vamos? ¿y en que vamos? -le pregunté titubeando-. Aquí están conmigo el Balú y el Champi, e iriamos nosotros cuatro en el carro de la mamá del Champi. El carro está allá en la casa de la mamá, solo tenemos que pasar por él (El Champi y el Balú eran otros dos amigos míos que solían visitar el Jumanji y con los cuales había empezado una amistad poco antes de comenzar el verano por que trabajábamos y estudiabamos juntos en la universidad. Además que el Champi y el Pato eran primos hermanos, y aunque sin conocerlos previamente, todos eramos originarios de la misma ciudad y estudiantes foráneos en la uni).

Unas horas más tarde vuelve a llamarme el Pato, solo que esta ocasión ya no se oía emocionado. Al Champi no le habían prestado el carro de su mamá. Si queriamos ir, tendría que ser en camión puesto que no había otro medio disponible (a nuestras posibilidades) y un viaje de 12 horas en auto se vuelve de 18 o 20 en autobus (esos viajes son mortales). Un poco desilusionado le platico a mi madre que ya probablemente no ibamos a la playa, entonces ella con una enorme tranquilidad en su voz, como para mostrarme lo lógico y obvio de la solución, me dice “¿Y porque no se llevan tu bocho?”. Mis ojos se iluminaron de nueva cuenta y llamé al Pato para plantearle el plan. Yo nunca había manejado tan lejos y nunca pensé que me dieran permiso, pero ya tenía luz verde de la gallina. No se dijo más, el punto de reunión era mi casa dos horas más tarde y de ahí saldriamos con destino a la playa en mi bocho. Me preparaba mentalmente aquella tarde para manejar toda la noche hasta Mazatlán.

Mi duda siempre fué: ¿Sería posible llegar (sanos, salvos y en una sola pieza) en el super bocho? Eso lo ibamos a averiguar.

Continúa.

Resumidas con el Killer (29 de Abril 2009)

April 29, 2009 by KillerPollito '09

Interrumpimos su programación habitual para traerle un boletín de última hora. Su novela favorita, “Sin Senos No Hay Agasajo”, digo, “Memorias de un Asesino”, estará muy pronto de regreso al aire. No se la pierda.

La cosa está de miedo. Alguien me robó mi gansito.

Muy probablemente ya estan enterados de todo lo que el voy a decir, pero yo tengo que llenar la agenda informativa así que me vale wilson además que aquí si le decimos la verdad de las cosas. Al menos las analizamos desde un punto de vista distinto al que encontrará en cualquier noticierillo televisivo (gracias López Dóriga, no sé que haría sin ti… cero material, lo juro, no tendría tela de donde cortar) .

Internacional, Nacional y Local

La fiebre porcina está en todos lados. En la casa, en la escuela en el trabajo y es probable que usted sea portador del mal (música del exorcista). Al menos eso es lo que los medios se han encargado de difundir. La gripe norteamericana de influenza porcina es en realidad una de los cientos de enfermedades que compartimos con animales, los de consumo particularmente, sin mencionar a las chinches, pulgas, piojos y hasta garrapatas, y han existido desde que el hombre convive con animales domesticados de los cuales se alimenta. Cosa que lleva ya varios miles de años. Así que esto en realidad no es nada nuevo, ni será la última ocasión que lo veamos.

De la génesis, los verdaderos riesgos y las verdaderas consecuencias, es de lo que le vamos a informar aquí, en su noticiero de las 6 y cuarto, 7:27, 7:36, con su reportero y conductor estrella, su servilleta KillerPollito, o sea yo merengue.

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Memorias de un Asesino – 3a Parte

April 8, 2009 by KillerPollito '09

¿ En que ibamos? Ah si… las conquistas.

3a Parte. El Billete de la Suerte.

Antes (o después) de la gringuita tuve otros intentos de conquista, pero de momento no recuerdo con detalle porque no estaba yo completamente consciente de los hechos cuando ocurrieron, o al menos no completamente sobrio. Lo que si recuerdo de forma clara es que, una vez el Pato y yo (el Pato era mi roommate desde hacia un año y vivíamos juntos en el Jumanji), andabamos en la disco de galanes con unas polluelas con las que habíamos bailado toda la noche (15 mins) y decidimos dar el siguiente paso: invitarlas a cenar después del antro.

A esas horas de la madrugada lo único que podíamos cenar eran hot-dogs o menudo, y como nosotros queríamos quedar bien, las llevamos al menudo, porque los dogos no eran de mucha categoría (una menudería si lo era). En fin, el Pato confiado en mi respaldo y solvencia económica, pidió plato extra-grande con harta cebolla. Yo que siempre he sido de muy buen diente, le hice segunda, y “nuestras” chicas (como todas las mujeres cuando las acaba uno de conocer) se hicieron de boca pequeña y pidieron el plato chico cada una. Todos pedimos la respectiva coca-cola en botella de vidrio. La mesera tomó la orden y llevó la comanda a la cocina. Mientras tanto el Pato y yo nos disculpamos para pasar al tocador de niños… (perdón), quise decir al baño de los hombres. Justo después de cerrar la puerta se escuchó la siguiente conversación:

Pato: (en tono nervioso) ¿Tú traes lana verdad?
Yo: (en tono más nervioso) ¡No mames! ¿tú no traes?
P: Ni un quinto cabrón.
Yo: ¡Noooo güey!… jajajaja <==== (risa nerviosísima) ¿Qué vamos a hacer?
P: ¿Y si nos pelamos?
Yo: ¿Y cómo? ¿Por dónde? (en ese instante volteámos al mismo tiempo a ver la ventana del baño y le sacamos medidas mentales al marco. Yo si cabía, el Pato que siempre fue cachetón, no).
P: A ver güey, rascate las bolsas. Saca todo lo que traigas…. ¿Qué es eso?
Yo: Pues, es mi billete de 2 dólares de la buena suerte pero no lo voy a usar, es más nunca lo saco de mi cartera, estos billetes ya no los hacen, gordo. Prefiero pelarme.
P: Ponlo guey. Yo te consigo otro, te lo regalo. Tengo muchos. 
Yo: (Ingénuamente) ¿En serio? ¿Tú me lo repones?
P: Si, si güey, neta. Yo lo repongo. ¿Qué más traes?
Yo: Pues el billete y unas monedas. Son como 20 pesos. ¿Tú cuánto traes?
P: Nada guey ando seco pero en el cenicero del carro traigo al menos otros 20 pesos. Déjame voy por ellos.
Yo: ¡¡¡Ah que huevos!!! Lo que tú quieres es dejarme. (En tono de súplica) No me dejes gordito (snif), no seas cabrón.
P: ¿Cómo te voy a dejar? No no, regreso de volada.
Yo: Júrame, júrame cabrón que vas a regresar. A ver a ver que yo te vea.
P: No mames, neta, ¿cómo me crees capaz de dejarte? No no, voy al carro y vengo. Te lo juro.
Yo: (Combo de tono, dedo y mirada amenazantes) Ay de ti gordo si me dejas.

Salimos del baño, y los platos de menudo ya estaban en la mesa. Le hice señas con las cejas al Pato esperando que se acordara de su juramento mientras se dirigía a la salida. Asi lo vi caminar tras la puerta de cristal que daba a ese oscuro y húmedo estacionamiento (en realidad el estacionamiento estaba iluminado y seco, pero dadas las circunstancias a mi todo me parecía lugubre). Me senté y traté de disimular lo más que pude nuestra situación. “¡Como se tardaron!” - comentó una de ellas-, “¿Y tu amigo a dónde fue?”, – dijo la otra. Ah! -le digo-, fue a traer… traer… buscar… algo al carro, pero en un momento regresa.

Confieso que el menudo me dejo de saber a vinagre cuando vi reaparecer al Pato en la entrada de la menudería. Su bolsa derecha del panatalon estaba abultada y hacía sonidos metálico a cada paso que daba como maraca. El Pato había metido en su bolsillo todas las monedas que encontró en su cenicero del carro. Se sentó y sin decir nada empezó a cucharear su plato de menudo. El Pato sudaba a chorros, por los nervios, yo no lo hacía menos. Y nuestro semblante seguía reflejando el nerviosismo causado por la situación en la que estabamos. Ellas vieron nuestro sufrimiento, pero no se imaginaban lo que pasaba. “Está picoso, ¿verdad?” Nos dijo una de ellas refiriendose al menudo al ver nuestros rostros enrojecidos. Nos limitamos a contestar: “Si, muy muuuuuuy picoso”.

Pedimos la cuenta y nos resignamos a lo que viniera como el condenado a morir fusilado se resigna mientras avanza al paredón, sabiendo que ya no hay salida. La mesera regresó, pusó la cuenta sobre la mesa y nos dijo, “Son $85 pesos”. Saqué mi billete de la suerte de 2 dólares y me despedí con pesar de él.  Puse el resto de mis monedas sobre el billete y volteé a ver al Pato mientras sacaba la morralla de la bolsa del pantalón y comenzó a pasar, peso por peso, las monedas de una mano a otra mientras contaba en voz alta. Cuando el Pato llegó a los $75 pesos, después de haber incluído mi parte y hasta el último centavo de lo que traía en su bolsillo, además de un tornillo enmohecido y un fusible automotriz de 10 amperes, la mesera entendió la situación (que supongo no era la primera vez que la veía), se compadeció de nosotros y dijo con una sonrisa dibujada en su boca:  “Así está bien, me la deben para la próxima muchachos”.

No me dolía más haber perdido mi billete de la suerte, había cumplido su propósito.

Continúa.

Memorias de un Asesino – 2a Parte

April 7, 2009 by KillerPollito '09

¿Donde me quedé? Ah si es verdad…. la suerte estaba echada.

2a Parte. Días Perdidos.

Pues el verano transcurría sin novedades, aparentemente. Me despertaba temprano, me acostaba tarde. Trabajaba como un burro, pero no lo sentía. Ya lo dije, era yo un mozalbete de 18 añitos. A esa edad uno aguanta muchas cosas, dormir poco, comer poco y beber mucho, y al día siguiente otra vez levantarse temprano con una cruda mortal, para ir a trabajar jornadas largas y cansadas. Pero el mundo es tuyo a los 18 años. Lo demás no importa.

Tenía yo en aquel entonces, o por lo menos hasta ese semestre previo al verano, un noviazgo de 6 meses. Que sin mayores detalles les cuento que llegó a su fin  justo antes de iniciar mi aventura en el Jumanji (no por mi culpa aclaro) y por lo cual agradecí, de tener ningún tipo de compromisos sentimentales, para poder darle vuelo a la hilacha, que principalmente era salir con mis amigos a algun bar o disco (increible pero en aquel entonces todavía había discos) y agarrar la jarra agusto sin la preocuación de tener que checar tarjeta con la honey. La parte de “agarrar la jarra” no nos costaba trabajo por que por vivir en frontera no solo había bares/antros/discos al por mayor, si no que no cerraban, o sea literalmente, en aquel entonces, y debo decir que me siento más afortunado que viejo, los antros repito, ¡NO CERRABAN! Así como lo leen. Quiero que imaginen eso por un momento: un chamaco de 18 años, con vehículo propio, lana y además soltero en un antro abierto las 24 horas.  Bien pudo ser mi perdición….quiero decir, fué mi perdición.

Los sábados era el día oficial de “perderse”. Y lo tomabamos tan en serio que por lo regular no regresabamos todos los que llegabamos originalmente al antro. No era poco común llegar al antro y perder a tu gente poco después de haber llegado, y después encontrarte con camaradas que te podían llevar de regreso a tu depa, así que por lo mismo, con mucha frecuencia yo no regresaba al Jumanji con aquellos que habían ido en un principio en mi bocho, y de alguna manera tenía la seguridad que ya los encontraría ahí en el depa al llegar, o que llegarían más tarde (o muy temprano quiero decir).  Si yo me traía en mi carro al perdido de alguien más, no me preocupaba por los que se me perdían a mi. De alguna manera todos encontramos siempre el camino de regreso (increible pero cierto, y ni yo mismo le encuentro explicación lógica bajo las circunstancias y estado de gravedad etílica en el que nos poníamos).

La cosa es que agarrabamos la jarra y el jolgorio, pero en serio. En aquel entonces estaban de moda los antros-rodeo. La música de Intocable y Limite era la novedad y hasta el más fresa tenía su par de botas vaqueras. Y lo mejor de todo es que el rodeo estaba a distancia caminable de la disco que solíamos visitar y que había sido el lugar de moda los último años. Si te aburrias en la disco (cosa rara) o simplemente querías cambiar de ambiente, te ibas al rodeo, o viceversa.

En el rodeo fue donde conocí a una gringuita que por una extraña razón le gustaba la música mexicana. La chicuela estaba parada junto a la barra cuando la vi, y no parecía gringa en la oscuridad de aquel lugar, a mi solo me pareció muy bonita para estar sola. Así que ni tardo ni perezoso y con Tecate en mano, me lancé tras sus huesitos (muy bien formaditos) y cual fue mi sorpresa que la chica no sabía bailar corridas, y tampoco sabía español. Yo no hablaba el inglés suficiente para mantener una conversación fluida pero hicimos uso del idioma universal del amor y nos hablamos a besitos. Ella fue mi amor de verano por los siguientes fines de semana posterior al día que la conocí y como no teníamos de que hablar ni como entablar una relacion más formal, nos citabamos todos los sábados por la noche para vernos (sin hablarnos) donde nos habíamos conocido, ahí mismo en el rodeo. Después de ese verano, nunca más volvería a saber de ella.

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Memorias de un Asesino – 1era Parte

April 2, 2009 by KillerPollito '09

Este fin de semana pasado, al regresar de mi terruño me acordé de como me gané el mote del Killer cuando había entrado a la universidad.

Jumanji, el inicio.

Apenas tenia 18 años cuando terminaba de cursas mi primer año de educación “superior”. Era la primer temporada de vacaciones grandes que pasaba completamente fuera de la que fue mi casa en mi niñez y adolescencia. Bueno en realidad ya había vivido fuera todo ese primer año y mis retornos a mi tierra (a la casa de mis padres) lo hacía tan seguido como la escuela y/o el trabajo lo permitieran (algo así como cada 15 días). Solo que al llegar la temporada de vacaciones decidí quedarme a trabajar para ahorrar para la colegiatura del siguiente semestre, en lugar de volver a la casa de mis padres hasta que reiniciaran las clases, como hacían muchos. Yo no tenía esa suerte. En mi caso era necesario que trabajara si quería seguir cursando la universidad el siguiente semestre…y el siguiente, y el siguiente.

Ese verano por mucho, ha sido uno de los mas memorables de mi vida. Joven e inexperto, pero audaz y temerario, con vehículo propio (un bocho azul modelo 1990) y dinero en la bolsa, lo tenía todo. El verano se me fue por mucho en jornadas de trabajo larguísimas, a veces de 18 horas en un día, que básicamente era lo que yo quería y pedía (y entre más horas pusieran en mi horario de trabajo para la semana, mejor), digo por algo había decidido quedarme a trabajar durante el verano. Además de alguna manera me daba la tranquilidad de poder ahorrar lo suficiente y sobrevivir al siguiente año; y aunque quedara el adeudo semestral al inicio del siguiente verano, tendría otra vez otros tres meses para trabajar y pagar.

El problema de alguna manera era que mi condición de estudiante extranjero limitaba el número de horas pagadas en un solo cheque, así que tuve que renunciar a mis viajes de cada 15 días a mi ciudad natal para ahorrar en gastos y abonar a la escuela lo más que se pudiera, antes de que llegaran las inscripciones para el siguiente semestre. Ya habría tiempo al final de las vacaciones de ver a mi familia al menos un fin de semana previo a comenzar las clases, y de recuperar durante el semestre lo que no me alcanzaran a pagar en los cheques del verano por aquella limitante que menciono.

El tiempo de las tardes libres de verano en las que no trabajaba o salía temprano, lo dedicaba a carnes asadas, a fiestas y a beber cerveza barata con los amigos, que como yo, iniciaban su vida fuera de casa. Con la diferencia de que muchos de ellos trabajaban para pagarse sus borracheras gustos y no para pagar la escuela. Decidimos (para ahorrar en gastos), dejar al inicio de las vacaciones el departamento que compartía con otros 3, y juntarnos con los miembros de otros departamentos que se vaciaban en verano. Ésto debido a la ausencia de estudiantes foráneos que viajaban de regreso a su tierra por la temporada de vacaciones, y quienes se daban el lujo de seguir pagando renta mientras duraba su ausencia.

Y así fue como “armamos” un departamento de verano con las piezas-miembros de varios depas incompletos. La pura crema y nata. Sobra decir que por tres meses desconocí totalmente lo que era la privacidad, (hasta para echar una caquita), y enfatizo mi experiencia comentándoles que a ese depa lo llamamos “Jumanji”, (hasta la fecha la palabra me dan los mismos escalofríos que le daban a Robín Williams al escuchar la voz del cazador en la película del mismo nombre).

Aunque si es una delicia recordar la desorganización organizada que teníamos hasta para usar el baño, bajo el estratagema universal de la ventaja que dá correr/brincar/empujar más. Salir del depa no era un problema si no una bendición, y entrar tampoco (al menos cruzar la puerta no era problema, si no engentarse al momento de entrar a tu propio hogar) porque solo había una llave, que por cierto yo nunca vi y que pienso fue más como una leyenda urbana, por que en realidad nunca la usamos. No era necesario. El depa siempre estaba abierto y por lo regular había gente en él… algunos que llegaron para no irse además, algo así como paracaidistas del CDP.

Al final fuimos tantos, que el último mes de renta creo que podríamos decir que lo que pagamos cada quien, fue una cantidad simbólica.  La única vez que requerimos de la llave, alguien encontró la manera de entrar por una ventana. Y a partir de ese momento nos cayó la maldición de “Jumanji”. Y fue como haber iniciado por tirar los dados sobre el tablero del juego…  Aquel funesto pasaje voló como la polvora encendida en los demás departamentos de nuestros amigos que no tardaron en emplear la misma técnica, y que no conformes con la sobrepoblación ya existente en el depa, se empeñaban en terminar todas las jarras, fiestas y reuniones en el “Jumanji”. Eran como los animales en el juego. Salían de la nada intepestivamente.

Así empezaba el juego que no terminaría hasta que el último de nosotros que entró a ese depa recorriera todas las casillas del tablero, esperando que al final del verano todo se desvaneciera como el polvo, y se quedara guardado y perdido en el baúl de los recuerdos de aquellos, que por azares del destino, llegaron a ese depa. Nadie sabía que al momento de abrir la ventana el día que desapareció la única llave, la suerte ya estaba echada.

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Vivir de la Crisis

March 12, 2009 by KillerPollito '09

Hace días que no prendo la tele si no es para ver películas y documentales. Aunque todos los días leo noticias, eso ustedes ya lo saben. Así que de cualquier manera me entero de lo que sucede en mi país y en el mundo, pero de las fuentes que a mi me gusta leer y donde yo sé que la manipulación de la opinión pública se ve, si no eliminada, al menos disminuida gracias al internet. La situación parece delicada.

Vamos a hacer un recuento de los daños.

Debo reconocer que en un principio también pensé, como muchos, que la ley marcial que se iniciaba en el país a mando del presidente Calderón para hacerle frente al narco hace ya más de dos años, tendría consecuencias positivas. No voy a negar que aplaudí la iniciativa de sacar a la fuerza castrense a las calles. Sin embargo yo mismo soy el primero en reconocer que no estaba informado en aquel entonces de la verdadera situación, de la envergadura del problema, y de lo complejo de sus redes. Sin embargo, no me tomó mucho tiempo investigar y darme cuenta que la guerra contra el narco era una falacia y que era necesario explorar una nueva alternativa de lucha, como sería la regularización del mercado. Hoy no solo estoy descepcionado de ver las consecuencias de las malas decisiones de gobierno en cuanto al problema del narco, ahora estoy ENCABRONADO por la negligencia que después de dos años ha dado cero resultados y ha dejado miles de muertos, además de traer como consecuencia la inseguridad, la ingobernabilidad y el miedo a las calles de nuestras ciudades. Está comprobadísimo desde todos los ángulos y perspectivas, que en esta estrategia de lucha, no se puede ganar la guerra (a menos como he dicho que en lugar de patear el avispero, regularicen el mercado de las drogas).

Aunado a la fallida lucha contra el narco tenemos la crisis económica de más grandes proporciones en la historia de los mercados neoliberales superando incluso a la de 1929 en EU. Con la diferencia de que ahora la crisis, en un mercado globalizado, ¿adivinen que hace?, si, exactamente se globaliza y a TODO mundo nos toca un cacho. Los índices de desempleo, inflacionarios, de pobreza, etc., alcanzan cifras record y los que originaron la crisis, no solo no pierden, si no que se ven beneficiados.

No me gustaría hacer leña del árbol caído o echarle limón a la herida, al agregarle a esta visión de la situación actual del país todos los resagos que ya existian previo a la guerra fallida del narco y a la actual crisis económica. Pero enumero algunos aspectos de cualquier manera para refrescarnos un poco la memoria, porque es condición del ser humano el olvidar a lo que ya se ha acostumbrado.

Previo a la crisis de la narco-guerra y a la crisis económica, México sufría con la crisis de la corrupción, la crisis en el sector educativo, la crisis de los poderes fácticos aparte del narco, la crisis ambiental, la crisis en el campo, la crisis de la pobreza extrema y el analfabetismo, la crisis de la marginación indígena y la injusticia social, la crisis de las guerrillas olvidadas, la crisis del abuso de autoridad y de pésima impartición de justicia, la crisis de la inseguridad social, la crisis del fin de sexenio y la crisis del robo descarado al erario por parte de los servidores públicos, políticos y gobernantes en turno, la crisis del absurdo sistema bancario y hacendario que a todos nos pone en crisis mientras menos se tenga, en fin. Todas aquellas crisis de la vida nacional ya existentes y que hacían y hacen del sistema de gobierno mexicano uno de los menos eficientes y de los más corruptos, injustos y obsoletos en el mundo.

Yo no sé porque ahora estamos tan alarmados de lo que pasa en el país, si ya nos habíamos acostumbrado a vivir de las crisis.

Resumidas con el Killer (27 de Febrero 2009)

February 27, 2009 by KillerPollito '09

tssss… ahora hay mucho de donde cortar. Así que sin más preámbulo, aquí están sus resumidas.

Internacional

Obama ya es presidente. Bueno, eso es nota del mes pasado pero yo apenas acabo de llegar. Lo actual sería que el nuevo presidente del país gabacho se empeña en seguir la estrategia de estímulo que irresponsablemente empezó su antecesor republicano, y que incluye el rescate de instituciones que no necesitan ayuda, a bancos usureros, a compañías obsoletas, caso específico de las automotrices, y más dinero para la guerra.  Pero tampoco sería tan actual ésto, si yo ya se lo había advertido. Además, ¿qué se puede esperar de un presidente que llegó con el mismo slogan de campaña que Vicente “el bulto” Fox?

Déjeme informarle, también un poco atrasado, que hubo reunión en Davos Suiza, para lo de la crisis, en lo que fue el Foro Mundial de Economía. Ptffff ah como les encanta hacerse pendejos los interesantes, a los presidentes. Se veían todos preocupadisímos por la situación actual. Veamos.

 davos

En otras notas internacionales. Organizaciones de inteligencia gubernamental de Estados Unidos publican lo que se conoce como el JOE report. Donde califican a México junto con Pakistan, como los dos estados de mayor riesgo para los intereses de esa nación del norte. Caso curioso que consideren el problema del narco en México como una amenaza a la seguridad nacional y no hagan lo mismo con el índice de consumo de drogas en EU siendo el mercado number one de la droga en el mundo. En fin, si son rete coherentes los gringos y ya sabemos que se les conoce mundialmente por ver siempre primero la pelusa en su propio ojo antes de siquiera atreverse a andar levantando falsos a otros países. Debo aclarle a usted que el siguiente parrafo se encuentra en la introducción al reporte JOE:

This document is speculative in nature and does not suppose to predict what will happen in the next twenty-five years. Rather, it is intended to serve as a starting point for discussions about the future security environment at the operational level of war.

La traduccion literal sería: “Este reporte es una jalada, nada más tiene la intención de ver a quien vamos a chingar proximamente“.

No le digo que no solo son rete coherentes esos gringos, si no bien intencionados.

El ex embajador gringo en México, TonyGarza, dijo que el se queda en el país porque ya le agarro a la movida mucho cariño. Del JOE report comentó que ese reporte es irreal y que quien quiera que haya sido el pendejo la persona que hizo el estudio, no conoce para nada la situación en el país.

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